Lo único que en verdad necesitas para emprender tu propósito, tu misión de vida, es querer hacerlo. Y tan solo te va a hacer falta estar seguro que lo vas a conseguir. Cuando una persona tiene esa convicción, cuando vives y actúas desde esa determinación, vas a ser capaz de sobrellevar cualquier obstáculo que se te presente.

Escuchamos tantas veces hablar sobre seguir tu misión de vida, de lo importante que es para los seres humanos conseguirle un sentido a su existencia, y que esto se manifiesta cuando encontramos nuestro propósito. Y así pues, tantas veces me hacen la misma pregunta: ¿Y cómo consigue uno su motivo de vida? Y el detalle está en que, a pesar de lo común de la pregunta, cuando lo piensas detenidamente, parece asombroso que resulte tan difícil para muchos encontrarlo. Es decir, nuestro propósito o misión de vida no es más que: el papel que vinimos a cumplir en este mundo. Pero, si vinimos a este mundo a desempeñar una misión, cómo es posible que no sepamos cuál es.

Los seres humanos somos de hecho la única especie que pareciera confrontar dicho dilema existencial, especialmente cuando le añadimos el componente más volátil: el que implica nuestra mortalidad. Entonces, comenzamos a cuestionarnos el hecho de que nuestras vidas sean tan solo un corto paseo por este planeta, y de esta forma le buscamos incluso un sentido de mayor trascendencia, que supere a la misma vida. Algo que nos ayude a responder la pregunta sobre: qué hay antes y qué hay después de esto que conocemos. Pero por ahora vamos mejor a acotarlo al plano existencial, y así trataremos de descifrar cuál podría ser la manera de darle sentido a nuestra permanencia en este planeta.
En concreto, la verdad es que encontrar ese propósito para muchos no se nos hace un proceso natural; tampoco nos resulta algo inmediato, ni mucho menos coincide con lo que nos han enseñado. Por lo tanto, para lograr esta importante misión personal, necesitamos hacer un importante trabajo de introspección. Debemos aprender a escucharnos a nosotros mismos y poder preguntarnos y repreguntarnos: qué es lo que en verdad me mueve, en dónde radican mis talentos, de qué manera puedo sentir llena mi alma y mi espíritu.

El meollo de este asunto se ubica en lo que ahora llaman la “inteligencia emocional”; es decir, en tener la capacidad de percibir, interpretar y atender a nuestras emociones. Pues resulta que son éstas, las que requieren sentirse satisfechas, las que no toleran vivir por inercia sin un trasfondo de trascendencia material. Y para comenzar a trabajar en esto, es una muy buena práctica la meditación. Ya que, de esta forma, comenzamos a explorar nuestro interior, a ocuparnos de lo que nos pasa y de cómo nos pasa, desde adentro hacia afuera.

Adicionalmente, hay una manera sencilla que yo siempre propongo para ir orientándonos hacia cuál pudiera ser nuestro propósito de vida. Y es muy simple, tan solo hazte la siguiente pregunta: ¿Cuál sería la actividad productiva que te gustaría realizar a diario, y por el resto de tu vida? Pero hay un detalle muy importante a tomar en cuenta: tienes que asegurarte de estar convencido de que vas a tener el éxito que tú deseas en la misma proporción, haciendo cualquier actividad que escojas. Es decir, previamente, tienes que haberte convencido de que tu éxito estará garantizado, independientemente de lo que decidas hacer.

En el supuesto de la garantía del éxito está la clave, ya que la mayoría de las veces el problema no está referido a que no sepamos cual es nuestro propósito; el problema, principalmente es que nos da miedo enfrentarlo. Sentimos terror a fallar; tal vez, por ser algo nuevo, o porque no se corresponde con lo que haría orgullosos a nuestros padres, o porque es algo muy poco común en nuestra sociedad; y así, podríamos enumerar cientos de razones que están mayormente asociadas a nuestra crianza y a todas aquellas ideas con las que fuimos bombardeados desde niños. Pero cuando incluimos el supuesto del éxito, cuando tenemos la convicción de que lo vamos a lograr, es mucho más sencillo escoger lo que en verdad ha estado luchando en nuestro interior por salir.

Finalmente, luego de haberlo reconocido, está el hecho de que tenemos que seguirlo, tenemos que alinear nuestras vidas con ese objetivo; y allí es cuando comienzan los bloqueos. La buena noticia es que la solución en este punto es exactamente la misma. Lo único que en verdad necesitas para emprender tu propósito, tu misión de vida, es querer hacerlo. Y tan solo te va a hacer falta estar seguro que lo vas a conseguir. Cuando una persona tiene esa convicción, cuando vives y actúas desde esa determinación, vas a ser capaz de sobrellevar cualquier obstáculo que se te presente. Vas a conseguir el tiempo, el dinero, el conocimiento y todo lo demás que te esté haciendo falta. Lograrás superar todo eso que has estado poniendo como excusa, para no tomar la decisión de emprender y perseguir tu misión de vida.

Cuando busques tu propósito de vida, no te preocupes por lo que piensen los demás, trata de olvidar todas esas creencias absurdas que te han enseñado. Piensa en ti primero, porque tu alma está alineada con el cosmos, y una misión sana y equilibrada nunca será egoísta. Encuentra tu camino y vívelo a plenitud, y así tú espíritu, jamás envejecerá.

Artículo original tomado de: http://cesarguillermo.com/

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